68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

Puerta

Érase que se era… o… érase que no se era… Era ella que era, que no era... Una estructura en el espejo de una habitación, que reflejaba una figura estática y silenciosa, diferente a todas las figuras que ella veía todos los días.

Era su propia figura, figura inexpresiva, perdida, distante a la que miraba pero a la que no hablaba.

De repente una extraña señora, de expresión cansada y asustada, se dirige hacía ella y casi sin mirarle comienza a quitarle el pijama. Rápidamente le viste, está vez sin desayunar. Salen a la calle corriendo, ella se deja llevar, la señora comienza a chillar, el autobús se para. Ella recibe un empujón para subir al autobús. Las puertas comienzan a cerrare. Lentamente. Produciendo un ruido chirriante. Y el autobús comienza a andar. La extraña mujer desaparece.

Dentro del autobús se oyen voces y carcajadas de niños inquietos. Ella, con la cabeza gacha, se dirige hacía el único sitio vacío. El autobús para en el lugar de siempre. Un lugar extraño, un lugar oscuro. Una enorme casa cercada con una enorme puerta de hierro.

Comienzan a salir los niños del autobús, uno detrás de otro, empujándose. Ella sale la última del autobús, asustada. Entra la última en ese lugar extraño. La enorme puerta de hierro comienza a cerrarse. Lentamente. Produciendo un ruido chirriante. Continúa avanzando por el extraño lugar siguiendo al resto de niños, hasta llegar a unos largos, inmensos pasillos, llenos de puertas.

Cada niño entra por una puerta diferente. Ella no sabe dónde entrar, su paso va cada vez más lento hasta anularse. Está sola, siente frío, sus piernas comienzan a perder fuerza. Está muy asustada, está sola. Cae al suelo. Empieza a temblar. Todo el cuerpo le tiembla. No puede chillar, porque sería mala. Y si es mala cada vez está mas sola.

Tras un largo tiempo tiembla tanto que no puede respirar. Siente algo en la boca, algo blando que le alivia. Pero más le alivian y le tranquilizan los brazos que le cubren. Al rato oye una voz suave: ¡Linda! ¡Linda! Quiere abrir los ojos aunque le cuesta mucho esfuerzo. Consigue abrirlos y observa una mirada llena de vida, unos ojos que le hablan. Siente unos brazos rodeando su cuerpo, unos brazos cálidos.

Pronuncia su nombre: ¡Linda! No lo recordaba. ¡Linda!

¡Qué preciosidad de niña! ¿Cómo te ibas a llamar, si no? ¡Linda! Estaba pensando en ti y cuando te he visto en el suelo me he asustado. Ya veo que estás mejor y me quedo más tranquila. Ahora vamos a desayunar. Y luego ya decidiremos entre las dos lo que hacemos, ¿vale?
Linda sujeta con su suave y pequeña mano la mano de la gran maestra. Junto a ella recorre el pasillo hasta llegar a una puerta. La puerta tiene un espejo. Linda se refleja en él y sonríe.

La puerta se abre.