68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

Conchas

Hace miles de lunas y millones de mareas, cuando el mar era todavía muy joven, el planeta Tierra sufría verdaderas catástrofes climáticas. Todavía estaba buscando el equilibrio y la balanza se inclinaba peligrosamente, ora hacia un lado, ora hacia el otro. Eran días muy duros para la vida en la tierra. En el mar, todo se suavizaba un poco. Gracias a la protección de las aguas, la vida era más segura y un poco más agradable que en tierra.

Sin embargo, un buen día, el cuerpo de eminentes científicos del mar, que por aquel entonces lo constituían las inteligentes sepias, anunció una terrible catástrofe que ponía en peligro no solo toda la vida en el mar, sino la continuidad del mismo océano. Según explicaron en una rueda de prensa, a la que acudieron representantes de todas las naciones del mar y partes implicadas, se avecinaba una década de un calor tal, que todas las aguas superficiales de la Tierra se evaporarían (esto incluía todos los mares) creando inmensas nubes verticales; y los fondos marinos quedarían secos como interminables desiertos de sal en los que, sin la presión del agua sobre ellos, aflorarían volcanes, terremotos y fallas geológicas, haciéndolos del todo inhabitables. Al cabo de diez años, era muy probable que las condiciones de vida se restauraran, seguramente en un nuevo equilibrio más estable. Pero existía el bien fundado temor de que para entonces no quedara ya ni vida, ni mar, ni eminentes científicos que se preocuparan por ello.

El pánico se propagó entre los asistentes. Sin embargo, como ya hemos dicho, las sepias eran muy inteligentes, y no sólo anunciaron el terrible problema, sino que también dejaron apuntada una solución. Hicieron un llamamiento a todos los habitantes del mar con concha (univalvos, bivalvos y polivalvos) para que guardaran dentro de sus caparazones la mayor cantidad posible de vida marina; esto es agua de mar, pero también huevos, huevas, larvas, plancton y un largo etcétera que las sepias mostraron en un esquema muy bonito. Y así, llenos de vida marina en su interior, los seres con concha deberían enterrarse en arena profunda a esperar pacientemente el paso de los diez años. Eran tan inteligentes las sepias y se explicaron tan bien, que no hubo lugar a duda o desacuerdo, y todos procedieron diligentemente como había aconsejado el cuerpo de científicos.

Y, en efecto, habían acertado las sepias. Fueron diez años terribles de rigores climáticos sin cuartel. Todo lo que habían previsto se cumplió y aún más. Pero pasados los diez años, el clima se suavizó y se estabilizó. No todas las conchas habían sobrevivido, desde luego. Unas eran muy finas, otras no se habían enterrado lo suficientemente hondo... Pero, primero tímidamente y después en masa y con entusiasmo, todos los seres con concha supervivientes dejaron escapar su tesoro. Y el agua volvió a correr y la vida volvió a prosperar. Habían salvado el mar.

Por eso, hijita mía, cuando acercas una concha a tu oído, todavía puedes escuchar las olas del mar. El océano habitó en ellas y durante diez años fueron su refugio. Ahora duérmete, que es tarde.
Mañana si quieres me haces más preguntas.

Buenas noches.

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