69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

¡Retórica metafórica calentita se la traigo señora!

Negro...

Suenan los últimos compases, en un suave fadeout, de «Circle Song» donde Keith Jarret y Jan Garbarek nos arrastran atropelladamente a la coda, intercambiando notas, ritmo y armonía como amantes desconocidos intercambian fluidos, entregándose sin escrúpulos en un acto suicida, en tórridos cuartos oscuros de saunas del bajo fondo.

En un fundido, reptilianamente parsimónico, el silencio se va apoderando suavemente del ambiente, y el plano se va abriendo perezosamente. Un plano muy cerrado donde apenas se llega a ver una densa nube de humo de tábaco negro que envuelve, ondulante, el luminoso rojo, el cual anuncia que el más mínimo sonido producido en la sala corre el riesgo de ser capturado, manipulado y finalmente expulsado en una eyaculación de ondas radiofónicas, inseminando indiscriminadamente el espacio sonoro que se encuentre a su paso a través de móviles, radios, audifonos, auriculares y demás artefactos diseñados para corromper el orgánico y atmosférico sonido ambiente del efímero presente.

El espeso humo transporta el rojo haz de luz de las letras «Arial Black Mayúsculas negrita» del in-the-air por el denso espacio de la sala, salpicando y tiñendo el techo y las paredes, en un efecto holográmico, casi transportándonos a una experiencia lisérgica.

Un viejo micro de radio, coronado por un logo de letras fundidas en aluminio barato, que pretende hacerse pasar por plata.
Unos ásperos labios masculinos rodeados por una barba de tres días, se disponen a vocalizar, verbalizar y expresar un speech que se insinúa, descaradamente con una sobrecontenida pausa dramática:

-Érase una vez un chiste que decía: se abre el telón y aparece un monologuista que dice: se abre el telón y aparece un monologista que dice: se abre el telón y aparece un monologista que dice: se abre el telón y aparece un monologista que dice:

-Era un tío tan impuntual tan impuntual tan impuntual que todavía no ha llegado. Entra un camaleón en un bar y de repente entra un tío y pregunta; ¿este es el chiste del impuntual? Ah, no sé, yo estoy buscando un camaleón.

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