69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Explotación y expropiación

En mi trabajo la gente no te mira si no la miras fuerte, con firmeza, la gente no te saluda si no entras en el ascensor y les plantas un “buenos días” en la cara como un bofetón que les tire al suelo, un saludo amenazante que les haga pensar que debes ser alguien para atreverte a saludarles, a mirarles siquiera con esa firmeza.

Hay dos opciones para ser respetado: parecer alguien serio o sencillamente un perturbado. Yo transito de la primera a la segunda según mi estado de ánimo, lo que me hace opositar, a medio plazo, para puesto permanente en la última mencionada. Es como moverse entre hienas, y una película que vi bastantes veces de chico, “Los Dioses deben estar locos”, me recuerda que para defenderme de esos bichos de sonrisa boba tengo que parecer más grande que ellos, más alto y en definitiva, más seguro de mí mismo.

En la oficina las personas no son personas, son ejecutivas o ejecutivos, un subgénero humano de relojes grandes, bufandas en otoño y aires de grandeza feos, como fulares, como americanas entalladas, cargantes e insoportables, como lo es el olor de sus perfumes, colonias o lo que sea en que se bañan.

Agota bastante moverse en ese mundo líquido que define Z. Bauman, esa liquidez que hace que unos nademos con dificultades en las reuniones de empresa, y que otros surfeen y salpiquen llenándote de sal y arena los ojos. Tan ágiles, con esas jodidas camisas tan bien planchadas, con gemelos y esa cara de mierdas que se gastan, tan depredadores, tan hijos de puta.

Cuando me da por escribir esto sucede que estoy en la cuarta planta del Edificio Torre Final de Madrid, trabajando de tarde y sacándole ratos a la distracción del jefe. No es un oficio, no es nada profesional, pero a ésta hora están pagándome por escribir. Yo me lo tomo como una pequeña venganza por la minucia que cobro.

Expropiamos horas de nuestra explotación para hacer lo que nos gusta.

Sepan ustedes que a mí me pagan por escribir, como a Stephen King, como a la mujer que escribió “Harry Potter” o como al insoportable españolazo de Pérez Reverte.

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