69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Se ha escrito

Escribió en su testamento referente al día de su muerte: “Que no organicen velatorio público. No quiero que corten la programación para dar un boletín especial con la noticia de mi adiós. Nada de reyes y presidentes que vengan para figurar en mi última instantánea. Que el ejército no salga a desfilar. Quiero un final tranquilo, humilde, modesto, como Yo.”

Y tanto que fue sencilla la muerte del marqués. Su corazón se detuvo cuando se limpiaba los dientes después de ducharse en su casa de campo de Santander. Su cadáver se descompuso durante diez años inclinado sobre el lavabo, con la cabeza haciendo tope contra el espejo y con el cepillo hincado en el fondo de la garganta, junto a la campanilla. Los ojos nunca llegaron a cerrarse del todo.

Finalizaba su declaración: “Que mi gran peso social y mi notable ausencia no interfieran en la archa regular del país”.

La casa se comenzó a caer el invierno pasado y una piara de jabalíes se instaló en el salón.

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