68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

No

A las once menos veinte del veintitrés de junio Jorge llegó a la plaza, abrió la mochila y, como si estuviera deshojando una margarita, comenzó a tirar a la hoguera los libros y cuadernos que había utilizado durante todo el año en la escuela. Quemó todo, mochila incluida. Recuerdos incluidos.

Al día siguiente la ciudad amaneció cubierta por una capa de varios centímetros de espesor formada por las letras, números, signos de puntuación y símbolos matemáticos de todos los apuntes de todos los alumnos de todos los colegios de toda la ciudad que habían ardido la noche anterior. Jorge salió a pasear y se encontró con las quinientas frases “No mascaré chicle en clase” que le habían hecho repetir cuando comenzó el curso. Se habían enredado en un árbol y parecían bombillas de navidad. También se topó con una integral que no había podido resolver y que ahora se tambaleaba en la punta del monumento a los Presentes. Las carreteras estaban bloqueadas por paréntesis mal cerrados y símbolos de exclamación.

Sin embargo, alucinó cuando se encontró con cientos de personas que observaban un NO gigante, inmenso, descomunal que llenaba toda la Plaza Mayor. Eran dos letras que sobresalían varios metros por encima de los tejados. Era una sílaba del tamaño de tres plazas de toros, puesta una encima de la otra. Era tan grande que nadie tenía ni idea de cómo iban a retirarlo.

Jorge lo reconoció al instante. Era el NO con el que Marina le había dinamitado la esperanza que tenía de que alguien le acompañara a la hoguera de San Juan y que se lo había dejado bien claro al escribirlo a rotulador, con trazo rabioso, bien marcado, en un inmenso A4 que había metido en un sobre que había terminado el último día de clase en el bolsillo trasero de su mochila. Un NO comunicado a traición.

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