69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

La mujer V

La conocí en un informe, diagnosticada de no sé qué desorden del comportamiento, algún pathos ingobernable en cuyo nombre cada día le cosían a pastillas, que lo mismo engullía todas juntas que se dejaba las blancas («son las que menos me gustan», alegaba).

Fuera de los papeles, no era fácil su vida, tan atezada por golpes de muy distinto signo. Una rara avis que, de tarde en tarde, entraba o salía del psiquiátrico y de otros escondrijos para mujeres con peor suerte.

Pero, más allá de todo, impresionaba su risa: se reía sin recato, a mandíbula batiente. Su risa tintineante cabalgaba por siglos y kilómetros, como ecos de las brujas danzando en sus akelarres.

Y cuando se reía no existían miedo ni tristezas, porque su risa misma era un oasis, un refugio, una tabla de salvación.

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