69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Opinel 3.14

Una cafetería en un barrio de moda de una ciudad de moda. Todo muy moderno, muy frío (o muy cold, que viene a ser lo mismo). Señores jóvenes con barba y sin salario. Mujeres maduras de veinte años con los labios pintados. Paredes adornadas en tonos pastel. Todo suena a América, al canal de Walter Elias Disney (¿Quieres más café? No, gracias, Dory ¿Irás al baile con Cindy Sherton? No lo sé). Todo suena al norte de América, digo, excepto la música, que es de Guatemala y suena a Panamá.

La especialidad de la casa son los cupcakes. Cupcake: cosa cubierta con cosas. Estas cosas casi siempre son magdalenas cubiertas con más cosas azucaradas de colores. Cosas, cosas, cosas. Antes de pedir algo en la barra los clientes de este lugar se conectan con el móvil a las páginas web de moda donde pueden leer las críticas que otras personas han hecho a lo que están por pedir. Expertos gastronómicos internacionales que escriben sobre magdalenas (¿a quién se le ocurrió antes escribir sobre magdalenas? No lo sé. No leo) para que clientes que buscan nuevas experiencias elijan sin fallar. Lo importante es no fallar. El error (y sus efectos colaterales positivos: la sorpresa, el descubriento, la risa) están siendo erradicados de nuestro mundo. Ahora todo pretende ser perfecto, impoluto, limpio. Ahora todo es aséptico, quirúrgico. No sabe a nada. Una realidad de diseño. Nada sabe a nada. Nada huele a nada (excepto el Mister Proper, que huele a pino artificial. Pero eso es otra historia: La Historia del Mister Proper que Huele a Pino Artificial).

Total, que una bomba explota en algún lugar de allí. Una bomba de nata. Los clientes se conectan a los vertederos de información con sus terminales tecnológicos. Rostros llorosos cubiertos de azúcar glasé. Gente que abre botellas de espumoso. Qué raro, afirman sin levantar la mirada del Charles Rennie Mackintosh, ¿no nos habíamos desbombado? Lo que estás viendo es la lotería nacional, la del champán. No diferencian la tragedia de la celebración. Todos lloran y dicen lo mismo. Ríen porque no saben qué celebrar. Quisieran poder pedir otro zumo de papaya con cereales, pero el güifi se ha apagado. No hay cobertura de chocolate. Terminen sus magdalenas, por favor, vamos a cerrar.

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