69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Calidad

Busco encontrar algo que me ayude a seguir viviendo. Que aleje de mi cabeza la idea de tirarme al río.

Empujo el carrito de la compra. Me siguen los tres cachorros. Podría tirarme con ellos desde el puente. ¡No, no, no! Eso tampoco me lo planteo. No me gusta morir y no se me da bien matar.

Por lo menos hoy no llueve. Voy a llegar a tiempo a la plaza. Este trasto no anda bien y tengo que empujar mucho para avanzar. Se escora hacia la derecha.

Ojalá encuentre otro. Los cachorros caminan muy despacio. Todavía se tropiezan y caen al suelo cada poco. Cuando crezcan llegaremos antes a la plaza. A las doce. Comida a buen precio.

El Señor me cobra lo que yo quiera pagarle. Anteayer me vendió un trozo de entrecot y, a cambio, le di una trompeta que me había encontrado en la basura. Sé que no la va a usar, pero no tenía nada más.

Le pregunté cuanto tarda la carne muerta en descomponerse. Me dijo que mucho. Eso no me gusta. Me preocupa. Busco algo que me impida tumbarme en las vías y esperar. ¡No, no, no! Eso tampoco me lo planteo.

Este carro cada día pesa más. Cuando los cachorros crezcan los ataré para que tiren de él. Así llegaré siempre puntual. No me gusta retrasarme y al Señor no le gusta que me demore. Lógico. Él no tiene tiempo que perder.

El ruido del carro me ayuda a pensar. Relaja. Me vibran las manos cuando camino por el asfalto. Casi siempre pienso en mis cachorros o en el Señor. No quiero que les pase nada a ninguno de los cuatro.

Ni a Vane, que viaja retorcida dentro del carrito y que ya empieza a oler. En realidad el Señor me asustó. “La carne”, me dijo, “nunca se descompone”.

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