68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

Blanco

Blanco.

Justicia y Paloma. Paloma y Justicia. Blancas. En mitad de la inmensidad de un templo. Blanco. Frente a frente, una a la otra. No se mueven. De piedra una, petrificada la otra. Mira. Quien puede. Es mirada. Quien puede.

Una frente a la otra, inamovibles mientras pasa el tiempo. Dórico, jónico, corintio; Toscano y compuesto después. Y Dios sabe qué.

Y blanco.

Justicia es de mármol blanco. Un material tal vez demasiado duro frente a la gente de a pie, tal vez demasiado blando para quien tiene las herramientas adecuadas. Como las que tiene el tiempo, cuya insistencia durante siglos ha logrado desdibujar su solemne figura. Primero sus finos dedos fueron perdiendo su identidad, después su espada perdió el filo, hasta que al final un golpe de viento le arrebató la venda de los ojos.

La luz le quemaba la vista. No veía más que un abrasador blanco. Mas no fue mucho problema, pues cuando su vista se hizo al mundo descubrió que no distaba mucho del color de su entorno. Blanco, salvo por dos pequeños puntos negros. Esos ojos, negros, de la paloma, blanca, se clavaban en ella. Petrificada. A la pétrea.

Casi imperceptiblemente, la erosión continuaba su marcha. Justicia iba perdiendo sus otrora privilegiadas formas, y Paloma lo veía. Aunque no sabemos si la miraba, mucho menos si observaba. Pero Justicia, siempre orgullosa, se avergonzaba de que le pudiesen ver así. Deshaciéndose. Echándose a perder.

Las partículas de Justicia tropezaban con Paloma. No eran fuertes, pero una tras otra terminaban por hacerle daño. Pero ahí seguía. Inmóvil. Estoica.

La estatua no aguantó más y se movió por primera vez en siglos. Cogió su venda del suelo y la ató alrededor de aquellos ojos que la atormentaban.

Tal vez despertando del trance, la cegada paloma alzó el vuelo. Revoloteó alrededor de la estatua hasta que se posó en uno de los platillos de la balanza que aguantaba uno de sus muñones. Y mientras Justicia sufría haciendo fuerza por sujetarla, el ave se echó a dormir.

Y la erosión seguía su curso.

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