68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

Tenedor

Tenía poco. Por no tener, no tenía ni preocupaciones. Un trabajo que ocupaba la mayor parte de su día le prevenía de tener el tiempo para hacerlo.

Un día, sin venir a cuento ni cómo ni por qué, pegó uno de esos pelotazos que se nos ha enseñado a llamar de hombre-hecho-a-si-mismo. Se hizo, y se hizo con un cochazo, con una casa con vistas, con una mujer de las que nunca pensó conocer… El mundo le admiraba, pero lo más importante: él se admiraba.

No sé cuanto pasó. Tal vez tres años, quizá cuatro. O puede que se le hicieran largos y en realidad fue en un periodo mucho más corto.

Pero aquellas vistas que le asombraban pasaron a aburrirle por ser las mismas cada día; el coche le parecía cada vez más antiguo y la mujer, la mujer ambas cosas a la vez.

Buscando recobrar esa felicidad que un día tuvo compró otro cochazo. Y otra casa. Y otra mujer. Poco a poco fue amontonando cosas. Primero al nivel de sus tobillos, después de sus rodillas… Cuando llegaron al nivel de sus ojos no podía ver ni pensar en otra cosa que seguir llenando ese vacío haciendo crecer esa montaña. Seguir llenando esa montaña le producía placer. En esa megalómana construcción cabía todo, pero no cabía nadie.

Llegó un momento en el que lo tenía todo. No podía tener más. Todo. Eso le había desarmado.

Una sensación de desasosiego le invadía. Un sudor frío caía por su sien mientras removía en su escalada los componentes de la torre buscando algo que le llenase.

Al menos, llegar hasta arriba le sirvió para hacerlo. Alzándose en la cima pudo ver que todo lo que quiso, siempre lo tuvo abajo.

Pages