68.2017/10

Fanzine opaco que vibra

Tropiezos

El Hombre era una persona bastante quemada con la vida. Siempre que enfilaba por el camino hacia la felicidad se tropezaba con la piedra. Frustrado al no considerar el tropiezo digno del camino, se enfadaba y volvía a donde había salido. Y se volvía a tropezar.

Daba igual por donde fuese, por donde anduviese… Saltase, rodase o corriese, la piedra siempre emergía del pavimento donde menos lo esperaba. Y hombre, al suelo.

Cansado de tropezar siempre con la piedra, la cogió y la retiró del camino. La llevó a casa y la dejó en una esquina donde no se la pudiese topar, gracias a la resistencia que las paredes ejercen.

Sintiéndose vencedor cogió el camino con las fuerzas renovadas, pero poco duró la alegría. Otra piedra tomó el lugar de la siempre inoportuna retirada. Conteniéndose, intentando ser paciente, la tomó y la llevó con su igual. Volvía al camino, y otra piedra volvía a aflorar.

Y así otra, y otra, y otra, y otra. Una a una las piedras se amontonaban en su hogar, en el que cada vez era menos su hogar y más el de las piedras.

El Hombre tantas piedras retiró que el pedregoso camino que una vez quiso caminar no se parecía en nada al que una vez quiso cruzar. Así, quedando una sola piedra en el camino la cogió y la introdujo en su hogar a presión, pues ya no entraban más.

Esta vez sí, volvió hacia la senda para descubrir que ésta se había esfumado. Sin camino que caminar volvió a casa.

Cuando volvió al punto de partida de su travesía se detuvo. El camino había cambiado tanto que ya no sabía el trayecto a seguir. O tal vez el camino se había esfumado. Tal vez asustado, se giró por donde vino para resguardarse en su hogar.

Al abrir la puerta, todas esas piedras que fue apartando tropezaron sobre él.

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