69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Babosas

En la clase de segundo de primaria Ekaitz Etxeberria miraba por la ventana. Tenía los ojos clavados en el caminito del jardín.

Era uno de esos pocos días de sol de aquella lluviosa primavera. La agradable temperatura de aquel día junto con el exceso de humedad habían provocado una eclosión de babosas junto al jardín de aquel colegio público.

La aglomeración de madres y algún que otro padre a las puertas del colegio indicaban que era casi la una del mediodía en aquel barrio obrero.

Lo recuerdo como si fuera hoy.

Alguien comenta con cara de asco la presencia de las babosas.

La madre de Ekaitz espera a su hijo apartada del grupo. Lleva una carpeta azul llena de papeles bajo el brazo y su cara denota preocupación.

Al sonar la sirena decenas de niños y niñas brotan de las puertas de la escuela cambiando con su algarabía el hilo musical de la calle.

Ekaitz Etxeberria sale corriendo por la puerta. Lleva el chubasquero a modo de capa de superhéroe con el chano puesto en la cabeza.

Al llegar donde su madre, señala con el dedo al jardín donde están las babosas y jadeando exclama:

— ¡Ama! ¡Ama! ¿Has visto? ¡Están desahuciando a los caracoles!

(No muy lejos de allí, en otro colegio, un grupo de niños uniformados juegan a pillar. Uno de ellos sube a un banco y dice: ¡Casa!)

A Ekaitz no le gusta jugar a pillar, él prefiere jugar a los superhéroes. No le gustan ni los uniformes ni los bancos, prefiere el caminito del jardín…

— ¡Ama! ¡Ama! ¿Has visto? ¡Están desahuciando a los caracoles!

La madre de Ekaitz, con lágrimas en los ojos, aprieta con rabia la carpeta azul.

Lo recuerdo como si fuera hoy.

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