69.2018/04

Fanzine pan y dime tonto

Tirón de orejas

Desayuné con Eko y no pude evitar tararear una canción de La Oreja mientras me duchaba.

Haciendo oídos sordos a los consejos del estribo, la trompa de Eustaquio y el caracol de mi oído derecho comenzaron a discutir: la cultura musical de la trompa contra el instinto animal del caracol.

Si la trompa de Eustaquio hablaba del Camarón de la Isla, el caracol halagaba las virtudes del cangrejo violinista.

Si una ensalzaba el rock duro de Pantera el otro interrumpía con el acompasado vaivén del pez castañuela.

Me sentí juzgado por mis órganos.

La trompa-fiscal de Eustaquio me acusó de haber escuchado a Gato Pérez, Cristina Pato, Lagartija Nick, El Pescaílla, Los Bichos, Paloma San Basilio, Andrés Calamaro, El Puma, Lobo Eléctrico, Juan Perro y algo de folklore canario.

El caracol intento defenderme amenazando con llamar a declarar a la tortuga laúd, a la grulla trompetera, a la carraca europea, al flamenco del caribe, a la serpiente de cascabel, al ánade silbón y al cisne cantor.

Los ensordecedores pitidos de mi oído izquierdo lo interrumpieron.

—¡Silencio en la sala! —golpeó el martillo sobre el yunque. —Llamo a declarar al acusado.

Juré decir la verdad y toda la verdad sobre un single de The Zoo de los Scorpions.

En clara alusión a Darwin declaré que lo escucho todo en mono. Desde El baile del Gorila hasta Los Pajaritos, pasando por El Venao, El Camaleón, El vals de las Mariposas, Sardina bat, Cien Gaviotas o La puta de la Cabra.

Obviamente, el que perdió el juicio fui yo.

Desde entonces siempre estoy dando la nota, tengo hernia de disco, me salen gallos cuando tarareo en la ducha y si me baño se me taponan los oídos y escucho cantos de sirenas.

Mi trompa de Eustaquio cumple una orden de alejamiento y no puede acercarse a mi caracol. Y mi estribo se encogió.

Me suena que se hizo tan pequeño que ahora ya no tengo estribo… Tengo estribillo:

“Ay, qué gustito pa mis orejas…”

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